El piercing es un procedimiento mediante el cual se procede a efectuar pequeños agujeros en la piel o en las mucosas a fin de colocar pequeños objetos metálicos o de otros materiales, como aros, agujas, ganchos, bolas, etc.
Las hepatitis, tanto la B como la C, así como el Sida, se transmiten por la entrada del virus en la sangre, bien a través de un objeto contaminado de un paciente portador o bien por contacto directo con su sangre; por tanto se ha de ser muy exigente en las medidas de higiene y esterilización de las personas y los materiales utilizados y acudir a lugares y centros autorizados para realizar piercings. Si se hace así, la posibilidad de transmisión de estas enfermedades es casi nula.
El piercing no deja de ser un cuerpo extraño para el organismo y además, para su colocación, se necesita producir una lesión en la piel o la mucosa; por tanto, el riesgo de que se infecte siempre existe. Este riesgo siempre es mucho mayor en los días siguientes a su colocación y es en ese momento cuando se han de extremar las medidas de higiene y antisepsia que os indiquen.
Si se produce una infección, lo mejor es consultar a un profesional ya que a veces es necesaria incluso la administración de antibióticos o la retirada del piercing.
Cualquier pinchazo o agujero en la piel produce dolor, aunque éste siempre depende de la sensibilidad de cada persona, y es cierto que hay zonas que son más dolorosas que otras. La persistencia de dolor más allá de uno o dos días después de su colocación obliga a revisar el piercing para descartar que se haya infectado.
El embarazo por supuesto y algunas dolencias cardiacas contraindican el piercing, también se han de extremar las precauciones si eres diabético o padeces alguna enfermedad crónica, enfermedades de la piel o tendencia a las infecciones, también si tienes alergia ya que la alergia al níquel u otros materiales que se colocan como piercing son muy habituales. Si tomas alguna medicación que pueda afectar a la coagulación de la sangre consulta antes con tu médico.
Toda agresión a la piel que no sólo afecte a su superficie dejará siempre una cicatriz, si tienes tendencia a hacer queloides o cicatrices gruesas después de una herida, has de pensar que el piercing también la dejará. Muchas veces esta cicatriz es tan sólo el agujerito por el que se colocó el piercing, pero normalmente queda para siempre.
Hay zonas del cuerpo en las que se presentan más complicaciones que otras, por ejemplo no es igual un piercing en las partes blandas de la oreja o de la nariz que en las zonas de cartílago, pues en éstas la posibilidad de infección o necrosis con lesiones permanentes es muy superior. Es importante que la colocación de piercings sea hecha por personal experto ya que no todas las zonas son adecuadas para ponerlos pues por la mala colocación podría producir hemorragias importantes o pérdidas de sensibilidad permanentes.