Saltar al contenido principal

Ejercicios de Kegel para la incontinencia urinaria en mujeres

Son unos ejercicios de contracción lenta y rápida del suelo pélvico que favorecen las fibras musculares que se encuentran más desgastadas.

os ejercicios deben realizarse solo tras confirmar que la paciente usa correctamente los músculos del suelo pélvico; de lo contrario, pueden ser ineficaces o contraproducentes.

La técnica correcta implica contraer sin activar glúteos, muslos ni abdomen. Puede requerir aprendizaje guiado mediante exploración vaginal, biofeedback o fisioterapia.

No debe practicarse deteniendo el chorro de orina, ya que aumenta el riesgo de infección urinaria.

El régimen recomendado basado en evidencia es realizar 8–12 contracciones por serie, 3 series al día, durante al menos 12–20 semanas.

Existen contraindicaciones relativas, como el dolor pélvico miofascial o la hipertonía del suelo pélvico, donde los Kegel pueden empeorar los síntomas.

Este enfoque se basa en modificar el patrón de visitas al baño y en ajustar algunos hábitos relacionados con la ingesta de líquidos, con el objetivo de reducir la frecuencia urinaria y evitar micciones innecesarias. El entrenamiento vesical es el tratamiento de primera línea para la incontinencia urinaria de urgencia y para la urgencia miccional sin incontinencia.

El primer paso suele ser completar un calendario miccional durante varios días. El diario miccional debe incluir hora de cada micción, volumen (si se mide), episodios de escapes, actividad durante el escape y tipo/cantidad de líquidos ingeridos. anotando cuándo orinas, cuánta cantidad, si hay escapes o urgencia, y qué líquidos has consumido. Esto permite al profesional sanitario identificar patrones y posibles causas de los síntomas.

Una vez analizado el patrón, el objetivo es aumentar progresivamente el intervalo entre micciones: se recomienda aumentar 10–15 minutos respecto al intervalo habitual, mantenerlo 3–4 días y volver a incrementarlo gradualmente hasta alcanzar intervalos de 2–3 horas.

“Ir al baño por si acaso” debe evitarse, porque condiciona al cerebro a sentir urgencia antes de tiempo

Durante la urgencia, se emplean estrategias conductuales:

  • Contracción rápida del suelo pélvico (3–5 contracciones) para inhibir el reflejo miccional.
  • Cambiar de postura (cruzar piernas, sentarse en superficie firme).
  • Respiración profunda para disminuir la urgencia.
  • Permanecer quieta, sin correr al baño, hasta que la sensación baje.

La evidencia muestra que el entrenamiento vesical requiere varias semanas para notar mejoría; la adherencia es clave para el éxito.

Siempre debe descartarse infección de orina o causas obstructivas si el patrón miccional cambia bruscamente.

Durante la consulta, el médico o el especialista también te hará preguntas sobre la intensidad de las pérdidas, la necesidad de usar protección, la frecuencia de los episodios y el impacto que tienen en tu calidad de vida. Con esta información, se puede planificar un entrenamiento vesical personalizado.

Este tratamiento es utilizado sobre todo en los casos de incontinencia urinaria de urgencia y siempre deben ser recetados por un especialista. Los fármacos más utilizados son los antimuscarínicos y los agonistas beta-3. Ambos han demostrado eficacia, pero pueden producir efectos secundarios; la elección debe individualizarse. El tratamiento farmacológico a utilizar depende del tipo de incontinencia y de su causa.

Es el tratamiento para la incontinencia urinaria menos utilizado y se recurre a él como último recurso cuando el resto de los tratamientos no han tenido éxito. Existen diversas técnicas quirúrgicas, la mayoría de ellas indicadas para la incontinencia urinaria de esfuerzo, como el uso de cintas o mallas que ofrecen soporte a la uretra. Las cintas suburetrales libres de tensión (TVT/TOT) siguen siendo el estándar quirúrgico con mejor evidencia para la incontinencia de esfuerzo. La elección del procedimiento dependerá de cada caso particular.

¿Cómo realizar los ejercicios Kegel?

Los ejercicios de Kegel ayudan a fortalecer los músculos del suelo pélvico y se pueden realizar en diferentes posiciones. Una de las formas es sentada con las lumbares tocando el respaldo y las manos apoyadas en los muslos, aunque también puede realizarse de pie y tumbada boca arriba con la espalda en el suelo.

Focalización: los músculos a trabajar son los mismos que utilizas para detener el flujo de orina a mitad de camino. Esa es la sensación que debes reproducir al contraer.

¿Cómo hacer los ejercicios? Contrae los músculos del suelo pélvico y mantén la contracción durante 5 segundos. Relaja completamente durante otros 5 segundos. Repite este ciclo 10 veces seguidas. Realiza este ejercicio 3 veces al día. La evidencia muestra que los programas eficaces requieren 8–12 semanas de entrenamiento guiado, progresión de cargas y seguimiento profesional.

Terapias regenerativas: una alternativa a la cirugía

Terapias regenerativas: una alternativa a la cirugía

En los últimos años han surgido tratamientos mínimamente invasivos que buscan mejorar los síntomas de la incontinencia urinaria sin necesidad de recurrir directamente a la cirugía. Estas terapias, conocidas como terapias regenerativas, emplean tecnologías que actúan sobre los tejidos del suelo pélvico para mejorar su firmeza, vascularización y capacidad de sostén de la uretra.

Aunque no sustituyen a los tratamientos estándar y su eficacia es variable según el tipo de incontinencia y los estudios disponibles, pueden ser una opción complementaria para mujeres seleccionadas, sobre todo aquellas con síntomas leves o moderados.

1. Láser vaginal (CO₂ o Er:YAG)

El láser vaginal genera un calentamiento controlado de la mucosa vaginal. Este estímulo térmico induce la formación de nuevo colágeno y favorece una mayor firmeza del tejido que sostiene la uretra.

Lo que se sabe hasta ahora según la evidencia (UpToDate):

  • Los estudios iniciales, de tipo observacional, mostraron mejoría en algunas mujeres con incontinencia de esfuerzo leve.
  • Sin embargo, los ensayos clínicos controlados (los de mayor valor científico) muestran resultados muy variables y, en muchos casos, similares al placebo.
  • No existe evidencia suficiente para recomendar el láser como tratamiento estándar de la incontinencia urinaria.
  • Las sociedades científicas —incluido el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG)— indican que no debe considerarse un tratamiento de primera línea porque faltan estudios grandes, independientes y con seguimiento a largo plazo.

2. Radiofrecuencia vaginal

La radiofrecuencia aplica calor profundo de forma controlada sobre el tejido vaginal y periuretral. Este calor estimula la producción de colágeno y mejora la tensión del tejido, con un objetivo similar al del láser, pero utilizando energía electromagnética en lugar de luz.

Según la evidencia clínica disponible:

  • La radiofrecuencia también ha mostrado resultados prometedores en estudios pequeños.
  • Igual que con el láser, la evidencia es limitada, con pocos estudios comparativos y con seguimiento corto.
  • No permite afirmar con seguridad que mejore la incontinencia de manera estable o comparable a los tratamientos convencionales.

Su principal ventaja es que es indolora y no requiere recuperación, pero no puede considerarse un tratamiento definitivo.

Conclusión práctica

Las terapias regenerativas (láser y radiofrecuencia):

  • No reemplazan a los tratamientos con evidencia robusta (ejercicios de suelo pélvico, fisioterapia especializada, entrenamiento vesical, estrógenos tópicos, farmacología o cirugía).
  • Pueden utilizarse como complemento en mujeres seleccionadas con síntomas leves o moderados que no desean cirugía.
  • Requieren valoración médica individualizada para garantizar su correcta indicación y evitar expectativas irreales.
  • Su uso debe basarse en una conversación detallada sobre sus beneficios potenciales, limitaciones y evidencia científica disponible, que por el momento es limitada.

Los tratamientos con evidencia sólida siguen siendo: fisioterapia especializada, ejercicios supervisados, entrenamiento vesical, estrógenos vaginales (si procede), farmacoterapia en urgencia y cirugía en casos seleccionados.

Las terapias regenerativas pueden considerarse complementarias, siempre tras valoración profesional.

Con constancia, es habitual comenzar a notar resultados tras unas 6 a 12 semanas. En la mayoría de los casos, se observa una mejora significativa del control urinario tras varios meses de práctica regular.